Una decisión de infancia que explotó en forma de revolución
“Yo desde los once años no como animales”, larga Malena Blanco como quien lanza una piedra al agua y ve las olas crecer. No hay pose. Hay memoria. Infancia entre perros y gatos en Buenos Aires, un amor que sonaba ingenuo… hasta que entendió que solo era la punta de un sistema de violencia más profundo. Lo que parecía una elección silenciosa, terminó siendo una declaración de guerra.
Pasaron los años y la vida la metió en el mundo publicitario. Creatividad al palo, sí, pero al servicio de vender. Punto. Hasta que la ética, ese adormecido volcán interno, le pateó la puerta: ¿por qué usar esa potencia para convencer y no para cuestionar? Ahí empezó el cambio.
Del boicot con B al Voicot con V
Primero se llamó Boicot. Sonaba fuerte. Crudo. Político. Contra el sistema, el consumo, las marcas. Después apareció la “V”. Y todo tomó otra forma. La V de veganismo, de victoria, de violencia visible. Así nació Voicot, el 20 de noviembre de 2014. La identidad gráfica fue tan potente como su mensaje.
Al lado de Malena estaba Federico Callegari, diseñador. Se conocieron en la facultad, se reencontraron tras la muerte del gato de él. Ese amor gatuno lo arrojó de cabeza a la conciencia animalista total. Y juntos dijeron basta.
Antes, con Alicia, otra activista, Malena había fundado “Amora”. Pero una fundación no alcanzaba. La bronca necesitaba otro envase. Algo más disruptivo. Más artístico. Más callejero. Así aparecieron las primeras remeras con imágenes obtenidas del grupo Igualdad Animal: una vaca en el centro. Algodón orgánico. Comercio justo. Nada light.
La estética como arma
Malena escribe. Fede diseña. Y ambos entienden que una imagen bien puesta puede hacer más que mil discursos. Por eso fueron a Europa, se entrenaron con referentes, aprendieron a documentar lo que pasa en casa. Así nació el núcleo duro de Voicot: arte + denuncia + incomodidad.
Pegatinas. Proyecciones. Intervenciones en carteles publicitarios ajenos. Murales que incomodan. Como aquel en Nueva York, durante la semana de la moda, con un mensaje que no podías esquivar: “Fuck for fashion”. Fotos de cuerpos humanos. Imágenes de animales muertos. Arte vivo. Gente que se frenaba en la vereda y no podía seguir caminando.
La bronca inicial, transformada
El motor de todo fue el hartazgo. Pero Malena no se quedó ahí. Formó comunidad. Construyó narrativa. Se animó a mirarse también. “Al principio señalaba demasiado. Después entendí que estoy atravesada por el mismo sistema que denuncio”, confiesa. Eso no la frenó. La empujó más hondo.
Cada cartel y cada palabra escrita (a veces con furia, otras desde el amor) fue parte de un proceso personal. Lo mismo su viaje del vegetarianismo al veganismo, impulsado por un taller gratuito de Verónica Cerrato, creadora de Veganius. “Salí otra”, dice.
Del Facebook a la Comisión Europea
Las redes la potenciaron, sí. Pero el impacto fue real. La Comisión Europea usó investigaciones de Voicot sobre mataderos de caballos. También colaboradores usaron su material para cerrar el zoológico de Luján. Otro paso concreto: un proyecto de ley firmado junto a la abogada Silvina Pezzetta, contra la exportación de animales vivos. Ya tiene número de expediente.
Pero Malena no busca medallas. Prefiere la fotografía, el documental, la educación. De hecho, armó producciones como “Somos y seremos mar”, que acompaña la lucha de mujeres indígenas contra el terricidio, y “El privilegio del asco”, su último trabajo. También sumó radio en Mar del Plata.
Construir cultura para que algo cambie
No hay promesa de salvación. Pero hay decisión. “No creo que vaya a cambiar el mundo, pero lo voy a intentar”, lanza con serenidad. Y uno no puede dejar de creerle.
La herida inicial se convirtió en acción. En murales. En textos. En vigilias donde abrazó animales justo antes de que los mataran. En rescates. En libros. Como “Carroñeros”, editado por Planeta, donde desnuda secretos de la industria de la carne.
Ese es el camino de Voicot. Una marca. Un grito. Una respuesta visual en medio del ruido constante. Que incomoda, que interpela… y que sigue andando.






