La mujer detrás de los Mac Allister
Las luces del fútbol iluminan a los que están en la cancha, pero pocas veces a quienes los llevaron hasta ahí. María Silvina Riela, mamá de Alexis, Francis y Kevin Mac Allister, sabe lo que es bancar desde el costado. Y no sólo como madre: también es una empresaria que lideró una cadena de indumentaria con locales en shoppings porteños. Sí, una verdadera jefa.
100% eficacia en Primera
Silvina no lo dice con soberbia, pero clava un dato imposible de ignorar: tres hijos, tres futbolistas profesionales. «Es un montón», dice entre risas. Y claro que lo es. Uno campeón del mundo, el otro convocado a la Selección. Y ella ahí, siempre cerca, aunque acompañando en silencio.
Kevin se enteró por ella, aunque tarde. Estaba en Bélgica y alguien preguntó por su certificado de fiebre amarilla. «¡Ya está!», pensó. Pero no dijo ni mu hasta que el propio Kevin la llamó desde Inglaterra. Silvina ya se había ido a ver a Alexis jugar en Liverpool. «Esas sorpresas están buenas para vivirlas», le dijo cuando lo felicitó.
Separarse sin romper
Silvina y Carlos Javier Mac Allister empezaron de chicos. Novios desde los 14, casados desde el ’92. Pero la relación se fue diluyendo. «No fue por un solo motivo. Se desgastó la pareja», recuerda. ¿La clave? Supieron mantener la familia, incluso separados. Ella se quedó con el campo, no con la casa. Y eligió seguir trabajando como ganadera. Decisión tras decisión, construyó sola.
El fútbol como terapia. Después de separarse, sus hijos eran muy chicos. Fernando Batista, hoy su consuegro, le sugirió llevarlos a jugar al Parque. Alexis, con apenas tres años, ya jugaba con los más grandes. «Eso lo hizo más fuerte», dice Silvina. Así encontró contención… y esa contención terminó en tres carreras en la elite.
Perdonar también es elegir
El golpe más duro no fue la separación. Fue el nacimiento de una hija extramatrimonial mientras ella estaba embarazada de Kevin. La nena se llamó Abril. Y sí, duele. Pero Silvina eligió el perdón. No para borrarlo, sino para construir. La integridad de Javier al contarle todo fue el primer paso. Hoy todos tienen relación con Abril. Incluso es madre y Javier ya es abuelo por su lado. ¿Difícil? Obvio. Pero, dice Silvina, «perdonar también te hace fuerte».
La fortaleza que no se ve
Desde la separación, Silvina crió a los chicos sola. Vivieron con ella hasta los 20. Y además de madre, fue gestora. Trabajó en franquicias de ropa, los asesoró legalmente en sus primeros contratos y hoy maneja la imagen, mientras Javier se enfoca en lo deportivo. Aprendió leyes, trámites, números. «Ellos toman las decisiones, yo ejecuto. Y los cuido».
El escándalo que no buscó
Cuando Camila Mayan, ex de Alexis, inició una demanda por compensación económica, Silvina se puso al frente de la respuesta legal. No sólo por ser la madre, sino por saber del tema. «Fue un juicio a todos. Me afectó emocionalmente, porque ella fue parte de la familia». Lo tomó con madurez, pero fue duro. «Una demanda es como rebobinar todo», confiesa. Cree que fue estrategia legal más que otra cosa. Y prefiere mirar adelante.
Feminismo, dinero y contradicciones
La situación con la demanda despertó una reflexión afilada. «Venimos años hablando del empoderamiento y de repente estamos pidiendo que un hombre nos mantenga… Es ambiguo», lanza. Ella, que se separó, crió sola y salió a laburar, no necesita etiquetas. «Hay leyes, hay plata, pero detrás de eso hay esfuerzo. Mis hijos se rompieron el lomo para estar donde están», remata, sin filtro.
¿Qué le diría a la Silvina de 35?
«Seguí igual. No cambies nada. Elegiste bien. Vos sabías que primero estaban tus hijos». Hoy, los tres están felices con sus parejas. Alexis fue papá hace poco: su beba se llama Alaia. Y Kevin también será papá en breve: eligió el nombre Máximo. Silvina, orgullosa y tranquila, disfruta la cosecha de años de siembra silenciosa.






