Un gol con nombre y apellido
Horacio Calcaterra no solo rompió redes en la final del 2023 entre Universitario de Deportes y Alianza Lima. También rompió con una angustia personal que traía clavada desde días antes.
El volante argentino nacionalizado peruano entró desde el banco y selló la gloria en Matute, pero lo que no se sabía es que venía cargando una mochila pesada. Entre el partido de ida y la vuelta decisiva, algo ocurrió. Algo que lo “envenenó”.
Cuando el fútbol duele en casa
Todo arrancó en el primer choque, cuando Carlos Zambrano le aplicó un manotazo a Calca. La jugada pasó sin tarjeta. Total impunidad. Y al día siguiente —nada menor— su hija Sofi volvía llorando del colegio.
“¿Lo conocés a Zambrano, el que te pega con la mano?”, le decían a la nena. Acoso escolar por una jugada polémica. Sofi no quería salir de casa. Calcaterra lo sintió en el pecho.
“Yo estaba envenenado”, admitió. Y ahí nació la promesa: le pidió a su esposa que le diga a su hija que él iba a ganar esa final. Que iba a meter ese gol. Y que le iba a mostrar la medalla a todo el colegio.
Dicho y hecho. Matute explotó con el gol de Calcaterra. Revancha entregada en bandeja.
“Me saqué esa espina”, afirmó después. ¿Zambrano? “La mejor relación”, dijo, cerrando la historia sin rencores. Pero con la frente en alto.
El adiós a Cristal… ¿y por culpa de un papel?
Antes del reencuentro con la U, Horacio tuvo que decirle adiós a Sporting Cristal tras una década. Y no fue por decisión técnica ni por bajón de rendimiento. Fue por letra chica.
El punto de quiebre: un contrato “uno más uno” que le proponía el club. ¿Condiciones? Jugar más del 70% para mantener el sueldo. Sino, chau al 30% de ingresos. Nada fácil de aceptar para un jugador con espalda, historia y años encima.
“Ya había cedido un montón en las condiciones pero no llegamos a nada”, reveló. La propuesta no lo convencía ni a él ni a su entorno. Y mientras Cristal demoraba, Manuel Barreto, director deportivo de Universitario, se le adelantó con un llamado clave: “¿Ahora sí podemos hablar?”
La respuesta fue sí. Y la historia ya se escribió: Calcaterra cambió de vereda, volvió a vestirse de crema y encima salió tricampeón de la Liga 1. Nada mal para el que se fue llorando de La Florida.
Final feliz con dedicatoria incluida
El gol valió una estrella. La número 27. Pero también valió un abrazo interminable con su hija. Para ella fue la medalla, la revancha y el orgullo. Porque el fútbol no empieza ni termina en la cancha.
Y sí, algunos goles valen mucho más que un campeonato.






